lunes, 13 de abril de 2026

EL ESTRECHO DE ORMUZ

 


¿Quo Vadis toreo? Por qué vericuetos camina. El pesimismo es un derecho constitucional, el de la presunción de inocencia también, excepto para algunos taurinos. ¡Cómo andará la cosa que es casi más atractiva la Copa Chenel que la Feria de San Isidro! Mismos nombres y ganaderías, prácticamente…

Nunca mandaron tanto los toreros como ahora, tanto que hasta los novilleros sin caballos exigen el afeitado. Se arregla todo menos la tauromaquia, eso que dicen que siempre ha existido es tan mentira tal cual el hombre pisó la luna. El supuesto arreglo de los pitones era un ”privilegio”, muy entre comillas, para algunas figuras y no en todas partes. En las novilladas jamás. La famosa bolita se convierte en pelota de golf en la mayoría de los casos, con la expresa complicidad de las autoridades.

Ese redondeo del pitón favorece si el pitón resbala pero si te coge de lleno, la cornada es peor. Aunque puede herir o incluso matar, pero es una ofensa para integridad del toro. Yo propongo algo: que se anuncie en los carteles…”La corrida ha sido humanizada por expreso deseo de matadores y apoderados” A ver quién va.

Hay dos toreros que de verdad interesan, Morante y Roca, y los demás a la cola. Existen buenos profesionales, no cabe duda, pero sin la personalidad arrolladora de las auténticas figuras. En cuanto a la avalancha de jóvenes bien recibida sea, a fuer que empinar el codo no es sinónimo de conocimiento.

El cuarto poder, que es la crítica, ha desaparecido. Impera la lisonja. Recuerdo que en los setenta y parte de los ochenta, la época dura de Navalón, Zabala padre y Joaquín Vidal, había el triple de figuras que ahora. Los espadas se quejaban, aunque sotto vocce reconocían que aquellas crónicas les servían de acicate. Igual que hoy día, que únicamente admiten el masaje con final feliz. No tienen ellos la culpa sino quien los entrevista. El respeto al torero es una cosa. La coba otra y la escoba para barrer triquiñuelas, imprescindible.

Y entrando en terrenos más escatológicos, observo muchos aduladores que, teniendo la parte donde la espalda pierde su glorioso nombre, más cerrada que el Estrecho de Ormuz… Por arte de birlibirloque, se convierte en la Bandera de Japón ante los coletudos. Con perdón.

FELIPE GARRIGUES


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