sábado, 18 de abril de 2026

LA VIDA DE BRIAN

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La Vida de Brian.


Quien esto suscribe se siente igual que el protagonista de la soberbia película, a poco de ser crucificado o mejor, lapidado por decir Jehova. Nadar a contracorriente cual salmón ahumado. Los devotos y algún fanático que pretendían cruzar la vedada Puerta del Príncipe, no eran sino costaleros de un paso de Semana Santa, el de San José de la Puebla de Dios.

Cuando se aplaude igual el trigo que la paja, lo sublime que el enganchón, estamos ante un fenómeno de hipnosis colectiva. No es tan importante lo que vemos sino lo que imaginamos. En los últimos tiempos a Curro Romero, se jaleaba el medio lance como si fuera entero y al Benítez el mesarse el flequillo más que el propio salto de la rana. La Maestranza, otrora esquiva con Morante, al que le negaron no tres veces

como San Pedro, sino muchas más, ahora se convierte en el albero de su culto. A Manolo Vázquez y hasta Paco Camino nunca les perdonaron sus triunfos en Madrid.

Torear a una mano pegado a las tablas, para que el toro se escupa una y otra vez, no tiene especial mérito. Sí hacerlo en el tercio puesto que hay que engancharlo y

llevarlo, tal y como hacían los antiguos banderilleros, correrlos a una mano para

enseñar a embestir y descubrir el pitón bueno para el matador. El par de banderillas, sentado en la silla, desajustado y de pésima ubicación, lo ha hecho 40 veces Sanchez Vara con más precisión. Incluso Esplá alguna vez.

¿Cuantas faenas de Morante son históricas, únicas. La del Domingo de resurrección, la del rabo, los inolvidables quites del 2009 en Madrid de manera tan sublime que no ha vuelto a hacerlo de tal guisa? Sin duda José Antonio pasará a la historia como un genio, pero ha habido más. El toreo no empieza ni acaba con él. La fascinación y la ceguera no debe opacar lo bueno que hacen otros toreros.

En el toreo siempre hay un precedente, el veroniquear sin apenas moverse, la

obsesión de un pase, un paso, ya la tenía Manolo Escudero, torero de los 40 y 50. Le vi hacerlo en el campo. Con el capote no se ha superado el de Rafael de Paula, dicho por el propio Morante. Ordoñez fue un excelente capotero, le pegaba lances a lo que saliera por chicheros, incluído algún monosabio. Sin embargo él hablaba de Cagancho. Sin duda los irregulares gitanos, los mejores con el

percal. Mentón hundido y capote arrastrado. eso hoy no se ve.

Enhorabuena Alvaro Nuñez, ha resucitado al toro artista. Un hallazgo genético, nobilísimo pero escaso de fuelle. Ese toro le sirve a Morante y a muy pocos más.

En una secuencia, Brian huye despavorido de la masa que le aclama como Mesias, en la carrera pierde una sandalia que ellos interpretan como “una señal divina”. No se le ocurra al cigarrero descalzarse ni una sola vez, so pena que la zapatilla acabe en una urna como reliquia.

Pienso que vez en cuando conviene que la gente abra los ojos sin filtro. Y a ser posible, los tres.


Felipe Garrigues.


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