viernes, 31 de mayo de 2019

ADOLFO MARTIN SE IMPONE EN LA SEMANA GRIS



Era el cartel mas esperado de la feria. Ver a Roca Rey con la ganadería de Adolfo Martín. Del bombo solo salió esta atractiva combinación. La afición esperaba ver al peruano enfrentarse a este encaste.
Pero aparte de Roca se acartelaban otros dos nombres de importancia. Manuel Escribano y Román. La corrida de Adolfo Martín tuvo dos partes diferenciadas. Los tres primeros apenas dieron opciones y al arrastre del tercero se mascaba el petardo.
Román había destacado en una valiente porfia con el peligroso y orientado segundo que le levantó los pies del suelo y una rebañada criminal le corneó en el glúteo sin gran profundidad afortunadamente. Roca Rey con el tercero no se encontró a gusto y no pasó nada.



Pero la cosa cambió y de que forma. Salió el cuarto toro, veleto, fuerte, y serio. Escribano lo banderilleó con riesgo y exposición. Su comienzo de faena con cambiados inmóviles en el centro del anillo fue soberbio. Venia el toro de largo con alegría y humillación enrazada. El sevillano lo toreó con temple, largura y profundidad sobre la mano diestra. Pases de pecho estupendos. Por el pitón izquierdo se desplazaba mas corto. Y ahí empezaron a pitarle y a censurarle la colocación. A reventarle la faena. Escribano no entendía lo que pasaba e insistió en alargar la faena para recuperar vuelo. Lo cierto es que el toro cambió al sentirse podido y en un parón del toro a medio natural se fue a por él y le cazó el muslo con un cabezazo terrorífico. Después con saña le intentó ejecutar en el suelo. Escribano con el muslo partido se fue para el hule y Román que volvía de la enfermería remató al Adolfo.


Román estuvo muy bien toda la tarde. En especial con el buen quinto al que pulseó, templó y cuajó plenamente. Colocación pura, trazos largos y grandes pases de pecho. Una faena luminosa de entrega, verdad y buen toreo. Encandiló a la plaza y remató con un estoconazo tirándose a morir. Oreja de ley. De las más importantes de la feria. Gran feria de Román en sus dos tardes. Compromiso, verdad, capacidad,  entrega y emoción a raudales y buen toreo. Una evolución tangible. Un torero que no engaña a nadie y da lo que tiene. La entrega tuvo su merecido premio. Uno de los triunfadores de esta feria.



A Roca Rey le esperaban muchos en el sexto para fusilarle. Después de su faenón y puerta grande de la semana pasada todavía algunos querían verle fracasar. Pero el toro que le salió tuvo calidad y codicia humilladora. Y Roca le cuajó con la inteligencia de los privilegiados. Las pausas entre serie le dieron la clave para mantener al Adolfo con resuello para ser toreado en redondo y por abajo. Rotundos muletazos circulares toreando con todo el cuerpo y enroscándoselo detrás de la cintura. Pases de pecho de casi 180 grados. Lentos, templados. Una faena sensacional. Por los dos pitones. De cabo a rabo. Toreado, podido y exprimido el limón faltaba la rúbrica. Pero esta vez el pinchazo y la estocada baja dejaron todo en una gran ovación. Daba igual. Es el triunfador de la feria y también cuaja a los albaserradas. Se ha erigido en el trono del escalafón. Es la primera figura sin duda a dia de hoy. Los reventadores que denostan su toreo se han quedado sin argumentos. Roca se ha paseado por Madrid con esa gallardía del que sabe que manda en esto y lo demuestra. Esa forma de estar en la plaza y esos andares imperiales con apenas veinte años recuerdan a grandiosas figuras de otras épocas.



Adolfo Martín salvó el honor de su hierro con tres buenos toros y se impuso a su primo Victorino y a José Escolar en este desafio por el siglo de los "albaserradas". La expectación se justificó con tres buenas actuaciones de los toreros y tres toros de triunfo.
Hay que resaltar la mala educación de ciertos sujetos que reventaron a Escribano al que descentraron con soflamas del pico y "se va sin torear". Una vergüenza indigna. O el chuzo que gritó justo en el momento de entrar a matar Roca al último con un "Viva España". La subnormalidad y la ignorancia no tienen límites. Y si se va soplao aun más.Y la falta de educación de algunos es vomitiva. Incluyendo a esos listillos que se erigen en fiscales supremos para decir qué es el pico y la trampa. Que revientan faenas sin saber lo que hablan y en cambio cuando se trata de su "torero mimado" se guardan la lupa en el bolsillo y se extasían con el pico y el bajonazo del consentido de turno. Este si y este no porque lo digo yo. Sectarios e ignorantes. Y cegatos acomplejados.
Otro día hablaré de la gentuza que maltrata a los matadores en las salidas en hombros. Un espectáculo repugnante de una chusma insoportable. Ayer no pudieron zarandear a nadie, ni dar collejas al torero o destrozarle el vestido. Menos mal que Roca pinchó...












lunes, 20 de mayo de 2019

PABLO AGUADO ELEVADO A LOS ALTARES EN UNA SEMANA.







Pablo Aguado es el torero de moda. Desde su tarde sevillana con cuatro orejas conquistadas hace una semana todo el mundo habla maravillas de él.

Ayer en Madrid cumplía su primer compromiso en San Isidro y la resaca de su gran actuación tiró con fuerza en la taquilla.
Expectación por verle junto a Ginés Marín y Luis David frente a una corrida de Montalvo. Centrándonos en Aguado y en sus dos toros vimos las carencias y capacidades de este sevillano de tardía vocación y cercano ya a la treintena.
En su primero, sobrero de Algarra fue volteado en un lance de recibo recibiendo una seria voltereta de la que salió magullado y lastimado en una rodilla. Toro grande y con dos pitones descomunales. Empezó la faena sin someterlo y llevándolo a media altura. El toro encastado pedia mando y dominio. Embestida descompuesta pero con emoción. En uno de los derechazos a media altura sin taparse ni adelantar la muleta fue cazado en una nueva voltereta terrorífica. Aguado se volvió a poner desbordado y sin muchas ideas. Lleva apenas quince corridas en su vida. Daba la sensación que era mucho arroz para él. Ya en la lidia con el capote se le vio con poco conocimiento. Sus picadores le recetaron bien a los de su lote para dejárselos sangrados y con los humos bajados. Aun así naufragó frente al  cinqueño"algarra" al que liquidó  de dos sartenazos infames a la altura del número. Examen duro para empezar.
Antes había lanceado en el toro de su compañero, a la verónica, con sabor y gusto en un quite arrebatado.

Tras pasar a la enfermería y ser explorado salió a matar al sexto. Un precioso "Montalvo" colorado de preciosas e imponentes hechuras. Tras la dura receta de su picador con un terrible puyazo llegó a la muleta dulce y pastueño. Y comenzó con unos suaves muletazos semi genuflexos con cambio de mano y de pecho de cierre muy sevillano.
Después vino la faena de la catarsis. La que dicen que paró relojes y tiempos. La del temple infinito. La que hacia tiempo que no se veía. Hasta la plaza enmudeció en un silencio sepulcral cuando toreaba al sexto. Madrid se transfiguró en La Maestranza decían algunos.

Lo cierto es que hubo carteles sueltos exquisitos. Lo cierto es que toreó muy despacio a un animal ideal para ello. Hubo temple, lentitud, suavidad. Pero también hubo pico. Mala colocación fuera de cacho. Medios pases, muleta retrasada en la cadera y perfilerismo abusivo. Sensación de que faltó rotundidad. Profundidad y solidez. Conjunto de cosas sueltas selectas salpicadas de defectos notables.
Pero la plaza era un manicomio. Daba igual. Madrid se había transformado en Sevilla. Se guardaron las lupas esperando ver o imaginarse a Curro, Bienvenida o a Pepe Luis. Qué sé yo. Cada uno imaginaba sin examinar la colocación del pico o del torero. Eso hoy no se miraba. Oles de los de tarde grande. Gentes que oleaban antes de un enganchón a un soberbio cambio de mano.
El caso es que a poco que matara bien caerían las dos del tirón. Pero otra vez un sablazo que enguardió al Montalvo y una ración de pinchazos le privaron de la calle de Alcalá. Preocupante la imagen penosa de su espada.


Pablo Aguado en una semana con sus dos tardes de Sevilla y Madrid ha sido ascendido a los altares por su elegancia exquisita y su torería. Pero muchos no han reparado en que torear requiere mucho más que ponerse bonito frente al espejo y torear al ralentí. Mandar, dominar, cargar la suerte, colocarse de verdad, torear con la panza, someter las embestidas y llevarlas con largura es mas importante que acompañar a media altura y con los picos.
Tal vez alguien deba decirle que eso es el toreo. Y que para triunfar en esto y ser figura hay que poder y torear antes de las posturas sevillanas. Indudable personalidad y gusto tiene. Pero indudables son sus carencias olvidándonos del apasionamiento y las camisas rotas. No le engañen que esto es muy difícil y duro como para encumbrar en dos tardes a un torero que no merecería después un cruel crucifixión pública. Casos hubo y habrá. Empezando por nuestro Señor.




Es fácil llevarse por la pasión pero las grandes páginas de la historia del toreo no se escribieron solo con dibujos sueltos sino con faenas rotundas de principio a fin. Cierto es que Aguado torea distinto. Lejos del toreo moderno de escuela. Cierto que rezuma sevillanía y empaque. Pero está muy verde aún y el futuro está por escribir..El tiempo lo dirá.