
Javier Cortés ha sorprendido seriamente en su paso por los desafíos ganaderos del septiembre venteño. Su actuación frente a dos mostrencos desairados ha impactado a los buenos aficionados.
Un torero olvidado que ha estado casi cuatro años sin torear ni al viento y siete sin pisar Madrid. Ignorado sin motivos. Otro mas. La firmeza y la pureza de su tarde fueron asombrosas. Y eso que le echaron a los leones. Firmeza de plantas, de mente y de bragueta. Los cites puros, enfrontilados. Embarcando y llevando al toro hasta detrás de la cadera. Un toreo de siempre que ya no se estila. Sin ventajas y dando el pecho y los muslos a los toros. Solo la espada le privó de un triunfo seguro. Cuando no se torea no se suele practicar la suerte suprema y ese fue el tendón de Aquiles de Javier. Una sorpresa la evolución de este madrileño que apuntó cosas de novillero aventajado.

Viéndole en la ganadería de Barcial cuajando con elegancia y torería unas imponentes vacas cuatreñas se queda uno cavilando sobre un torero como la copa de un pino que no tiene ni la oportunidad de vestirse de luces. Una lástima. Una tragedia.
Su ejemplo como el de otros toreros olvidados nos demuestra que hay cantera sentada en el banquillo que milagrosamente evoluciona en silencio esperando su momento. Admirable. Resucitados como Escribano, Román, Lamelas, De Justo.. y otros demuestran que los toreros son de otro planeta y son capaces de esperar en silencio. Imagino lo duro de entrenar fuerte y mentalizarse sin tener un contrato en la agenda. Un desquicie psicológico..
Pero desgraciadamente el toreo está como está. Podrido y corrupto. La tarde espléndida de Cortés no le ha servido para entrar en dos sustituciones, dos! que ha dejado el maestro Ferrera en la feria de otoño de Madrid. Ni el día de El Pilar tampoco había hueco. Increíble. Una vergüenza.


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